ART#5. DECLARACIÓN DERECHOS HUMANOS. TORTURAS O TRATOS CRUELES
DECLARACIÓN UNIVERSAL DERECHOS HUMANOS
ART#5. NADIE SERÁ SOMETIDO A TORTURAS NI A PENAS O TRATOS CRUELES
Nadie será sometido a torturas ni a
penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
¿Qué se entiende por tortura? La Convención contra
la Tortura y Otros Tratos o Penas Inhumanos y Degradantes, entiende por
tortura:
‘todo acto por el cual se inflijan
intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos
o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una
confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha
cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier
razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o
sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el
ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o
aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean
consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o
incidentales a éstas’.
Podéis consultar la información sobre los
países que han ratificado esta Convención (y las reservas
que han puesto) y los que no la han ratificado.
¿Qué es un trato cruel, inhumano o degradante?
Según Leah Levin no
existe todavía una definición de esta expresión. Diferentes organizaciones
incluyen bajo este paraguas explicativo acciones como: experimentos biomédicos
con presos, mutilación genital y castración, reducción del régimen alimenticio,
encierro en celdas solitarias, utilización de instrumentos que causen dolor,
etc.
Pese a la existencia de instrumentos
internacionales, se hay que destacar que se continúan registrando casos de
tortura, en muchas ocasiones llevados a cabo por las mismas fuerzas policiales
o de seguridad del estado. En algunos, casos, tal y como recoge Amnistía
Internacional, las torturas se producen por miembros individuales. Así se
refleja en el siguiente texto:
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La tortura, una afrenta a la humanidad La
tortura deshumaniza tanto a la víctima como al autor. El dolor y el terror
causados deliberadamente por un ser humano a otro dejan marcas permanentes:
huesos destrozados, miembros retorcidos, pesadillas recurrentes que mantienen
a la víctima en un estado de temor permanente, etc. Pero los perjuicios que
causa van más allá del trauma y el sufrimiento de la persona torturada y de
quienes la rodean: cada caso de tortura contribuye a menoscabar los valores
que mantienen a la sociedad cohesionada, entre otros la solidaridad. La
prohibición de la tortura constituye uno de los preceptos fundamentales de
las normas internacionales de derechos humanos. Sin embargo, pese a todos los
esfuerzos por acabar con ella, la tortura sigue siendo una práctica
generalizada. El Informe Anual 2003 de
Amnistía Internacional,
publicación en la que la organización analiza la situación de los derechos
humanos en distintos lugares del mundo, contiene informes concernientes a 106
países sobre casos de tortura y malos tratos infligidos por agentes del
Estado. En algunos países la tortura es una práctica sistemática, en otros es
relativamente frecuente aunque no se recurra a ella como método oficial de
represión. La tortura: un delito del siglo XXI Transcurridos
55 años de la proclamación de la Declaración Universal de Derechos Humanos,
sus palabras tienen más validez que nunca: «Nadie será sometido a torturas ni
a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes». |

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